El Señor es la parte que me ha tocado en herencia; la parte que he recibido es la más hermosa. El mismo Señor es mi recompensa.
Oremos:
0 bien (para un abad):
Oremos:
Señor, tú que en el santo abad N. nos has dejado un ejemplo de perfección evangélica, ayúdanos a buscar siempre, por encima de los bienes de este mundo, el Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Eliseo se levantó y siguió a Elías
Lectura del primer libro de los Reyes
En aquellos días, el Señor le dijo a Elías:
Del salmo 127
Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor y siguen los caminos de su ley. Comerán del trabajo de sus manos, serán felices y les irá bien.
Será su esposa como vid fecunda en la paz hogareña; serán sus hijos como olivos nuevos en torno de su mesa.
Así bendecirá el Señor al hombre que le teme y lo respeta. Que el Señor te bendiga desde Sión y, de Jerusalén, veas la dicha, todos los días de tu vida.
Me lanzo hacia adelante, en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde el cielo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
Hermanos: Pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo y todo lo considero como basura, con tal de ganar a Cristo y de estar unido a él, no porque haya obtenido la justificación que proviene de la ley, sino la que procede de la fe en Cristo Jesús, con la que Dios hace justos a los que creen.
Aleluya, aleluya.
Marta lo recibió en su casa. María escogió la mejor parte
Ý Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús entró en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo:
Dios misericordioso, que transformaste a san N., para hacer de él un hombre nuevo a imagen de Cristo, renuévanos también a nosotros mediante este sacrificio de reconciliación que vamos a ofrecerte.
La gloria de los santos
En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Porque tu gloria resplandece en cada uno de los Santos, ya que, al coronar sus méritos, coronas tus propios dones. Con su vida, nos proporcionas ejemplo; ayuda, con su intercesión, y por la comunión con ellos, nos haces participar de sus bienes, para que, alentados por testigos tan insignes, lleguemos victoriosos al fin de la carrera y alcancemos con ellos la corona inmortal de la gloria, por Cristo, Señor nuestro.
Yo les aseguro, dice el Señor, que los que han dejado todo para seguirme, recibirán cien veces más y alcanzarán la vida eterna.Antífona de Entrada
Oración Colecta
Señor, tú que otorgaste a san N. la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, ayúdanos a vivir fielmente nuestra vocación cristiana, para que reproduzcamos cada día mejor, en nosotros, la imagen de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.Primera Lectura
19, 16b. 19-21
"Unge a Eliseo, el hijo de Safat, originario de Abel-Mejolá, para que sea profeta en lugar tuyo".
Elías partió luego y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él trabajaban doce yuntas de bueyes y él trabajaba con la última. Elías pasó junto a él y le echó encima su manto. Entonces Eliseo abandonó sus bueyes, corrió detrás de Elías y le dijo:
"Déjame dar a mis padres el beso de despedida y te seguiré".
Elías le contestó:
"Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo".
Se fue Eliseo, se llevó los dos bueyes de la yunta, los sacrificó, asó la carne en la hoguera que hizo con la madera del arado y la repartió a su gente, para que se la comieran. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor.Segunda Lectura
3, 8-14
Y todo esto para conocer a Cristo, experimentar la fuerza de su resurrección, compartir sus sufrimientos y asemejarme a él en su muerte, con la esperanza de resucitar con él de entre los muertos.
No quiero decir que haya logrado ya ese ideal o que sea ya perfecto, pero me esfuerzo en conquistarlo, porque Cristo Jesús me ha conquistado. No, hermanos, considero que todavía no lo he logrado. Pero eso sí, olvido lo que he dejado atrás, y me lanzo hacia adelante, en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde el cielo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Aclamación antes del Evangelio
Si se mantienen en mi palabra, serán de verdad discípulos míos y conocerán la verdad, dice el Señor.
Aleluya.Evangelio
10, 38-42
"Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude".
El Señor le respondió:
"Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.Oración sobre las Ofrendas
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Prefacio
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con la multitud de los santos, te cantamos un himno de alabanza diciendo sin cesar:
[Misa]Antífona de la Comunión